viaje a la mente de un asesino

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La película “Bruno Reidal” nos acerca a una historia real de un joven seminarista que decapita a un niño de 12 años. En un intento por entender ese acto brutal y salvaje, los médicos le piden que escriba la historia de él…

Última actualización: 21 agosto, 2022

Bruno Reidal es una brillante y cruda producción que nos ofrece una inmersión en la mente de un asesino. Es también un testimonio de esa Francia rural de principios del siglo XX, en la que la ciencia se esfuerza por comprender la sinrazón, la violencia más sádica y primaria. Para ello, nos traslada a un hecho real ocurrido en la región de Cantal el 1 de septiembre de 1905.

Bruno, un joven seminarista de 17 años, asesina a un niño de 12 años, decapitándolo. Desde aquí trata de averiguar por qué. Y lo que descubrimos ciertamente tiene la misma oscuridad, la misma cadencia aterradora. Un comité médico se encarga de decidir si el niño debe ser internado o juzgado. A partir de aquí, una voz en off completamente deshumanizada traza una historia incómoda pero también necesaria.

El mal es una conjunción compleja en la que el contexto social, la educación, la familia y ciertos componentes biológicos orientan la conducta. La del sadismo y la psicopatía. El de la curiosidad morbosa que anhela dañar, torturar y matar. Bruno es ese vínculo que se desliga de la sociedad y que, sabiendo que en él hay algo perturbador, no puede reprimir sus necesidades violentas…

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Melancólico, taciturno y astuto y acostumbrado a ocultar sus sentimientos. Así describió el comité médico a Bruno Reidal en 1905.

Bruno Reidal estuvo en constante lucha consigo mismo desde que era un niño.

Bruno Reidal, ¿cuál es el origen del mal?

“A veces me siento atormentado por las ideas de un asesinato, pero no estoy enfermo, no estoy loco. No quiero serlo». La voz y los pensamientos del protagonista nos guían a lo largo de toda la película. Bruno Reidal: Confessions of a Murderer es el notable debut cinematográfico de Vincent Le Port, un cineasta influenciado por Michael Haneke y Robert Brensson.

La película tuvo un gran impacto en el Festival de Cine de Cannes de 2021, donde se presentó en una proyección especial. A partir de aquí, las buenas críticas no pararon de crecer. La forma en que sondea los abismos humanos del tormento y el impulso de la violencia nos deja fascinados, pero también confundidos. Porque nunca es fácil entender el retrato de un criminal.

«Haga lo que haga, las escenas del crimen estaban llenas de encanto para mí».

La lucidez detrás del sadismo

En el momento en que el comité médico le pide al joven Bruno Reidal que cuente su historia de vida, descubrimos algo. La voz del niño es clara, fluida y de una exquisita belleza literaria. Estamos ante una mente brillante educada en un escenario opresivo. Pronto nos empapamos de la psicología del mal y sus mecanismos, de los eternos conflictos entre la razón y el impulso orquestados por la neurosis y la psicopatía.

La reconstrucción del director de la historia original es impecable. No estamos ante un simple crimen real. Aquí, nos dejamos llevar por los pensamientos y la conciencia del protagonista principal en todo momento. No hay juicio externo y se opta en todo momento por una distancia ética. El espectador actúa como testigo y también como juez, de esta sádica historia detallada con descarnada lucidez.

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La disección de un crimen en la mente del asesino

La historia de su corta vida que relata Bruno Reidal ante el comité médico raya en lo psicoanalítico, lo filosófico y lo escabroso. Entramos en una infancia marcada por demasiados hermanos y un padre amoroso que muere temprano. Su madre violenta y alcohólica actúa como catalizador de una mente ya empapada de odio, celos, frustración y aburrimiento.

De niño, ya detestaba a sus compañeros de clase. No tardó en querer huir de su entorno de pobreza aprovechando sus altas capacidades intelectuales. Se hace becario en un seminario y allí alimenta un odio aún profundo hacia esos otros estudiantes de la clase adinerada. La retórica religiosa es otro elemento con el que lidia, con el que libra sus propios conflictos entre la culpa y la fe.

La violencia y el deseo de hacer daño no sólo actúan en él como una fantasía catártica. La idea del asesinato lo persigue y lo arrastra continuamente, despertando en él un profundo deseo sexual. Algo que pronto descubre ante su fascinación por la matanza de un cerdo. La masturbación es, en realidad, ese elemento repetitivo con el que se evidencia el placer ante la idea de hacer sufrir a los demás…

La película busca hacernos entender cómo se crean los asesinos. En este caso logramos estar más cerca que nunca del criminal gracias a la verbalización de su sufrimiento, el desafío de una madre violenta, una agresión sexual y la imposibilidad de poder desenvolverse emocional e intelectualmente en un escenario desfavorable.

Bruno Reidal, verdugo y víctima de sus abominables impulsos

La producción de Vincent Le Port es más que una película biográfica. Bruno Reidal es una radiografía del terror, un retrato exquisito y trágico de la mente psicópata que lucha contra sí misma. El joven muestra una gran lucidez en la historia de su vida, haciendo converger lo monstruoso con lo humano.

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Porque aunque fuera inútil luchar contra sus abominables instintos, su desesperación por tener que vivir con ese otro yo perturbado es épica. También comprensible. La belleza visual de la película es inmensa. No importa que las escenas ahonden en la crudeza de un crimen y que muchas veces sean ásperas e incómodas.

Hay cierta poesía en cada detalle, en cada paisaje, gesto y razonamiento del joven. Y el hecho de que veamos un atisbo de belleza en la anatomía del trauma y la sinrazón produce aún más impacto en el espectador. Esta es una ópera prima imperdible para aquellos que quieran entender un poco más sobre cómo nace un asesino.

En cierto modo, también nos recuerda mucho a series como Mindhunter. Son viajes en la oscuridad, viajes de los que salimos a menudo, con más preguntas que respuestas…

Imágenes pertenecientes a la película Bruno Reidal: confesión de un asesino (2021)

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Gracias por leer ojodesabio.com. ¡Hasta pronto!

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