Según un estudio, la luz azul mejora la eficiencia cognitiva

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El azul es el color favorito de la población. Lo que quizás no sepamos es que este tipo de luz es beneficiosa para el cerebro: optimiza la memoria, la eficiencia cognitiva y el bienestar.

 

Última actualización: 01 de mayo de 2022

¿De qué color es el espacio donde trabajas habitualmente? ¿Qué tipo de luz es esa que te rodea en este momento? Cuando necesitas estudiar, ¿te preocupas por los colores que te rodean? Muchos de nosotros apenas prestamos atención a estos detalles y, sin embargo, son importantes. Ahora la ciencia nos dice que la luz azul mejora la eficiencia cognitiva y actúa como un estímulo para el cerebro.

Este dato viene a complementar mucho más las fascinantes particularidades de este color. Después de todo, el azul es el favorito de la mayoría de la población, e incluso se alza como el favorito de la industria del marketing y la publicidad. Confiere armonía, seriedad, confianza, tranquilidad e incluso lealtad. Sin embargo, hay un aspecto aún más decisivo: es un aliado del potencial cognitivo.

Este espectro de luz puede mejorar la productividad de un equipo de trabajo. Incluso hace que los niños en las aulas centren mejor su atención. Así, y como decía Vincent Van Gogh, es casi imposible cansarse de los cielos azules. Y lo cierto es que nunca debemos alejarnos demasiado de esos matices que nos regala la naturaleza.

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La luz azul natural tiene el mayor impacto en nuestro bienestar cognitivo y emocional.

La luz azul puede mejorar la memoria de trabajo, la atención y facilitar el aprendizaje.

La luz azul, un estímulo para tu cerebro

Si hay un color favorito en el mundo del arte, ese es el azul. Wassily Kandinsky señaló que es el color de la abstracción y la inmaterialidad. Yves Klein insistió en que el azul no tiene dimensiones, está más allá de todas las dimensiones, y Matisse comentó que hay ciertos tipos de azul que se quedan dentro de tu alma.

Efectivamente, hay algo particular en el color azul y por lo tanto, forma parte de lo que conocemos como colores primarios psicológicos. Quizás, esa huella profunda e hipnótica viene de ser el color mayoritario de nuestro planeta Tierra.

De hecho, nos resultó tan fascinante que el ser humano se obsesionó con encontrar pigmentos naturales para poder pintar y teñir ropa con ellos. Los egipcios fueron los primeros en sintetizarlo. Esta atracción innata y pasada tiene a su vez un impacto muy positivo en el cerebro: permite potenciar las capacidades cognitivas. Tareas como la memoria o la concentración mejoran cuando estamos rodeados de luz azul.

La sala de estudio preferida en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA)

En los edificios más nuevos de la Universidad de California, hay una pequeña sala de estudio preferida por los estudiantes. Es The Hedrick Study o también conocida como la habitación azul. Tiene sillas cómodas, es espaciosa y tiene techos altos pintados de negro y con estrellas. La particularidad es su iluminación: un cálido y agradable tono azulado.

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Todos los alumnos que pasan unas horas allí indican que se concentran mucho más y que son más productivos. Este dato no es casual. La Universidad de Arizona y la Universidad Médica de Harvard ya han señalado en un estudio que la exposición puntual a la luz azul mejora el rendimiento cognitivo. La retención de datos es mejor, así como el enfoque.

La razón por la que esto es así se debe al sistema de fotorreceptores cerebrales relacionados con el ritmo circadiano.. El color azul está asociado con el día, con la luz del sol y la luminosidad. El cerebro se activa y optimiza sus recursos, así como su potencial. En concreto, lo que facilita es la memoria de trabajo.

Este tipo de espectro de luz mejora todo, desde la comprensión y el razonamiento hasta la planificación y la resolución de problemas. El cerebro asocia este color con nuestra actividad diurna y con la necesidad de responder y actuar en nuestro entorno cuando hace sol.

La luz azul inhibe la producción de melatonina. Por eso, cuando oscurece, es importante no entrar en contacto con dispositivos o luces de este color. De lo contrario, tendremos problemas para conciliar el sueño.

La luz azul y nuestra sensibilidad biológica a esta longitud de onda

El cielo, los océanos… La luz azul está presente en el lienzo de la naturaleza y es el tono que, de lejos, distingue a nuestro planeta. Ya lo apuntaba Carl Sagan en Un punto azul pálido, 1994. Los seres humanos seguimos íntimamente ligados a esos escenarios, a esos orígenes que nos dieron la vida, el sustento y el bienestar.

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Sabemos, gracias a estudios, como el publicado por la Universidad de Exeter, que este tipo de luz mejora la salud mental y reduce los índices de depresión. Entrar en contacto con esos espacios en los que la tonalidad azul reverbera en el cielo, en el reflejo del mar o en el fluir de los ríos favorece el equilibrio mental, la vitalidad e incluso la esperanza.

El cerebro se activa, enfoca mucho mejor y entra en un estado de positividad y receptividad altamente enriquecedor. Prescindir de esta luz natural nos enferma, por lo que ahora se baraja la posibilidad de recrear artificialmente esta luz en nuestros centros de trabajo y estudio. Sería una forma de sentirnos más activos e incluso productivos.

Ahora, hay una advertencia. La luz azul solo es beneficiosa en las horas centrales del día. Al atardecer, es necesario respetar nuestros ritmos circadianos y prescindir de todo estímulo lumínico, especialmente artificial. El bienestar siempre radica en vivir en armonía con la naturaleza y sus ciclos. Esa es la clave.

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