¿Qué hace que una casa se convierta en “nuestra casa”?

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¿Por qué hay lugares donde nos sentimos “en casa”? Es más… ¿Qué hace que un espacio concreto se convierta poco a poco en nuestro «hogar»? ¿Es por la empresa, es por nuestras pertenencias físicas? Lo analizamos.

Última actualización: 11 noviembre, 2022

Nuestra vida está bordeada de sensaciones y experiencias que no siempre sabemos definir. Uno de ellos tiene que ver con esos espacios físicos que, en un momento dado, acaban conformando lo que es nuestro hogar. No importa si esa casa o piso es propio o alquilado. Hay momentos en que algo sucede en esa agotadora búsqueda de un lugar donde vivir…

De repente cruzamos un umbral, miramos a nuestro alrededor y casi sin saber cómo, nos sentimos como en casa. «¡Eso es todo!» -decimos casi rotundamente-, seguros de que seremos felices entre esas cuatro paredes. Es una sensación a medio camino entre lo emocional y lo intuitivo, porque no podemos especificar en detalle qué genera una sensación tan visceral.

Lo mismo sucede en otros lugares que no nos pertenecen. Hay veces que, pasando un tiempo en un hotel, en casa de un amigo o familiar, sentimos la misma comodidad que si fuera nuestra casa. Es como si hubiera una conexión profunda con un espacio físico y lo que hay en él. ¿Cómo se explican estos fenómenos? ¿Qué hace que una casa se convierta poco a poco en parte de uno mismo?

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Los psicólogos ambientales son los que estudian las relaciones de las personas con los ambientes físicos donde viven.

Si bien nuestra familia es lo que conforma nuestro hogar, no siempre es esta variable la que nos hace considerar una casa verdaderamente nuestra.

Factores que hacen de una casa «nuestra casa»

Si hay una expresión conocida en todos los idiomas es “hogar, dulce hogar”. Sin embargo, como bien sabemos, no todos los hogares donde vivimos a lo largo de nuestra vida son dulces o felices. Dentro de cada casa existen dinámicas, vivencias y elementos que determinan el bienestar de sus habitantes y, en consecuencia, el apego a dicho entorno.

Asimismo, un entorno repleto de grandes lujos y comodidades tampoco lo convierte de inmediato en nuestro hogar. En este proceso de conexión emocional con una casa hay una serie de variables que la psicología ambiental viene estudiando desde hace décadas. Y el tema no puede ser más fascinante.

La Universidad de Minnesota publicó un interesante trabajo del geógrafo Yi-Fu que explicaba de manera original cómo las personas construyen el concepto de “nuestra casa”. Nuestra residencia es ese lugar donde anhelamos tener protección y libertad al mismo tiempo. En ese refugio de hormigón nos protegemos del exterior, para sentirnos libres, para ser nosotros mismos plenamente y sin máscaras.

Ahora bien, ¿qué factores hacen que una casa se convierta realmente en nuestro hogar? Lo analizamos.

Lo que más necesitamos de un hogar es sentirnos seguros y realizados en él.

1. Las versiones de ti mismo que ves en esa casa

Este es un enfoque muy interesante y vale la pena detenerse en él. Hazel Markus es psicóloga social en la Universidad de Stanford. Ella fue quien formuló la teoría de nuestros «yoes» vinculados a un contexto dado. Es decir, cuando, por ejemplo, estamos mirando pisos en alquiler y de repente hay uno que nos gusta, es porque nos hemos proyectado en ese espacio.

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Nos imaginamos en ese hogar desempeñando múltiples roles y siendo lo que queremos.. Nos visualizamos descansando, trabajando, cocinando, pasando tiempo con familiares y amigos. Nuestro hogar es también ese espacio en el que nos desarrollamos como personas en todas nuestras versiones.

2. Un lugar donde se satisfacen tus necesidades

Vivir en una casa insalubre, pequeña, sometida a mucho ruido ambiental y en la que apenas recibimos luz solar no cubre nuestras necesidades más básicas. Tal contexto crea inquietud e infelicidad. Por el contrario, encontrar una propiedad tranquila, bien ubicada y bien iluminada y en buen estado, ya genera en nosotros otras sensaciones.

Las personas necesitamos ese escenario que llamamos “hogar” para cubrir todas nuestras necesidades, tanto las básicas como las de autorrealización. Al fin y al cabo, una casa es un espacio donde estar, quedarse y crecer.

3. Lugares que evocan otras casas donde fuiste feliz

Quizás sea el color de las paredes, la vista de las ventanas o incluso el olor que desprende el ambiente. Hay casas que, como las personas, nos recuerdan a otras casas donde fuimos felices. Todos tenemos cierto apego a hogares pasados. Quizá recuerdes con cariño aquella casa donde vivía tu abuela, la que habitabas de pequeño o la que usabas en las vacaciones…

A veces, basta apreciar un pequeño detalle en un escenario para sentir esa misma sensación, que estás en un hogar seguro, inspirador y afectuoso.

4. Tus pertenencias también crean tu hogar

Nuestro hogar no será realmente «nuestro» hasta que llenemos sus espacios con nuestras propias pertenencias. Debido a que los objetos inanimados también construyen quiénes somos, también estamos apegados a ellos y dejan una huella de quiénes somos en un entorno físico. Y no solo eso.

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Una casa es nuestro sello de identidad cuando la decoramos según nuestro estilo, gusto y pasiones. Después de todo, un hogar es también el reflejo de la mente, la personalidad y las experiencias. Por eso necesitamos llenar las paredes con nuestros cuadros y fotografías, las estanterías con nuestros libros y el salón y las habitaciones con esos muebles que tanto nos definen…

Una casa es un entorno al que damos vida y carácter cuando lo decoramos según nuestra identidad.

Una casa se convierte en nuestro hogar cuando todas las versiones de nosotros mismos pueden prosperar en ella.

5. Tu casa se define por quién vive en ella

Una casa es como una entidad con vida propia. Se lo entregamos en el momento en que lo hacemos nuestro, cuidándolo, brindándole cariño, llenándolo con nuestras pertenencias y con el sonido de nuestra vida cotidiana. Pero a menudo, para que un espacio de cuatro paredes sea nuestro auténtico hogar, lo que necesitamos son las personas que amamos.

Nuestra familia, amigos e incluso nuestras mascotas son las que le dan a este dominio esa impronta emocional que lo hace verdaderamente nuestro. A veces no importa dónde estemos. Si estamos con las personas que amamos, una cabaña se convierte en un palacio y un piso de pocos metros cuadrados en un hotel de cinco estrellas en medio del Nilo.

Nuestras emociones son las que pintan las paredes y ponen las alfombras del bienestar en cualquier lugar para sentirnos como los nuestros.

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Gracias por leer ojodesabio.com. ¡Hasta pronto!

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