Prefiero hablar con mi mascota antes que con otras personas

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Los animales son capaces de tocar partes muy íntimas de nuestro corazón. Tanto es así que muchas veces preferimos hablar con ellos que con otras personas, ya que no nos juzgan y son nuestros cómplices silenciosos.

Última actualización: 01 junio 2022

Cualquiera que comparta su vida con uno o más animales a los que adora habrá tenido este pensamiento. Y lo más probable es que no tuviera el más mínimo remordimiento de conciencia por esa condena. Sin embargo, socialmente sigue siendo un tanto desconcertante ver a alguien hablando con su perro o gato.

Ahora bien, lo cierto es que, por supuesto, no mantenemos conversaciones con ellos. Lo que hacemos es interactuar con nuestros amigos peludos de una forma muy particular: expresamos frases y preguntas cortas, así como piropos divertidos y comentarios llenos de cariño. Esta dinámica conversacional es tan beneficiosa para los animales como para nosotros.

Cuando una mascota se convierte en nuestra familia, necesitamos verbalizar nuestro amor. También ciertos pensamientos. Por eso, es común e incluso necesario comunicarse con ellos. Porque más allá de lo que algunos puedan creer, nos entienden. Y lo que es aún más fascinante, en muchos casos incluso responden a su mirada.

La gente habla con nuestras mascotas como si fueran bebés. Es un instinto innato que favorece el vínculo con el animal y que además nos aporta grandes beneficios psicológicos.

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Muchas veces, aunque los animales no nos entiendan, sí nos responden con sus gestos y miradas.

Prefiero hablar con mi mascota: una necesidad muy común

Hay algo obvio acerca de nuestros animales. Aunque a veces no entienden lo que decimos, nos responden. Lo hacen inclinando la cabeza, mirándonos con sus ojos expresivos o emitiendo un sonido. El simple hecho de escucharnos, estar presente y brindarnos algún tipo de respuesta no verbal ya es gratificante para cualquiera.

Cuando alguien nos dice que «prefiero hablar con mi mascota» es porque el mundo de las relaciones humanas es siempre excesivamente complejo. Hay problemas de comunicación y dinámicas relacionales que nos pueden llevar a la decepción o al estrés. A veces, nos resulta más agradable, por ejemplo, hablar con nuestro gato que con ese jefe que siempre nos responde a gritos.

También nos resultará más gratificante decirle a nuestro perro cuánto le queremos que pasar el día con esos familiares narcisistas que nunca nos han tenido en cuenta. El mundo de los humanos es a menudo caótico. Si bien el de nuestras mascotas es muy básico, solo importa el cariño, la atención, los juegos, la compañía.… Todo esto hace que con los animales se construyan ciertas características únicas que vale la pena explicar.

Los animales no son mascotas, son parte de nuestro grupo social

La Universidad de Viena realizó un estudio sobre el vínculo de los perros con las personas. Estamos en un momento en que la vida humana y animal está muy entrelazada. Los perros son esa especie que lleva más tiempo domesticada y compartiendo vida con nosotros. Los lazos que se construyen con ellos son muy fuertes y, por tanto, la complicidad que podemos generar con ellos es muy intensa.

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La comunicación con los perros es clave para educarlos, establecer relaciones saludables de poder y facilitar la convivencia. No hay nada negativo u objetable en hablar con ellos. Es necesario porque son, al fin y al cabo, un miembro más de la unidad familiar. Amigos y compañeros que se convierten en nuestros aliados diarios.

Los perros necesitan que nos comuniquemos con ellos. Entender las órdenes y recibir refuerzos en todo momento facilita la convivencia.

Discurso emocional con animales, un recurso enriquecedor

Cuando alguien dice que “prefiero hablar con mi mascota antes que con otras personas” hay algo que se debe especificar. La idea no es tener un diálogo profundo y esclarecedor con el animal. Lo que estamos buscando es una interacción positiva, enriquecedora y emocional con nuestro perro y nuestro gato.

Es más, la forma en que hablamos con los animales es muy similar a la forma en que hablamos con los niños pequeños. Tendemos a usar oraciones cortas y en un tono más alto. Además, articulamos las palabras lentamente y usamos, en general, casi siempre las mismas expresiones con ellas: “¿quién es el gato más guapo del mundo? ¿Quién es el perro más inteligente? ¿Sabes cuánto te quiere mamá o papá?

Asimismo, también realizamos otro tipo de comunicación. A menudo, nos limitamos a pensar en voz alta, lanzando argumentos al aire cuando los tenemos al lado.. “Ya tengo bastante por hoy, cierro el ordenador y no voy a hacer nada más”, “¡hay que ver cómo está el mundo!”. Es evidente que nuestros animales no entienden estos comentarios, pero nos responden con la mirada. Nos escuchan y están ahí, a nuestro lado.

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Que sean nuestros cómplices también es un regalo y algo que nos beneficia mentalmente.

Las mascotas, a diferencia de las personas, no nos juzgan. Sus necesidades son muy básicas, basta con que les ofrezcamos cariño, seguridad, comida y compañía. A cambio, nos ofrecen amor incondicional.

Prefiero hablar con mi mascota porque no me juzga

Nicholas Epley es un científico del comportamiento y autor del libro Mindwise: Por qué malinterpretamos lo que otros piensan, creen, sienten y quieren. En este trabajo explicó que hablar con cualquier tipo de animal es un signo de inteligencia. Es porque es un esfuerzo por reconocer la presencia de una conciencia en otro ser vivo y es también un acto de empatía.

También, quien se comunica diariamente con su animal, pone en práctica la teoría de la mente. Es decir, tratamos de comprender el universo mental alienígena, sus pensamientos e intenciones. Quienes conviven con sus mascotas saben que sienten, comprenden y se emocionan casi como nosotros.

Igualmente, si muchas veces preferimos hablar con nuestras mascotas es porque no nos juzgan. Son validadores emocionales natos, son puro amor y aceptación. Nuestros amigos de cuatro patas (también emplumados) son nuestro refugio diario, figuras que solo esperan recibir cariño y no necesitan hablar para demostrarnos cuánto nos quieren.

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