¿Por qué tenemos un color favorito?

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¿Alguna vez te has preguntado por qué la gente tiene preferencia por uno o dos colores específicos? Es más… ¿Te ha pasado que, de repente, un tono deja de ser tu favorito para tener una mayor preferencia por otro color? ¡Descubre a qué se debe!

Última actualización: 01 septiembre, 2022

¿Sabías que la ciencia ha demostrado hace mucho tiempo que el color amarillo despierta nuestro apetito? Esta es la razón por la que las industrias alimentarias lo utilizan para su publicidad o logotipos. Es una especie de mensaje subliminal para nuestro cerebro. Al fin y al cabo, es él quien experimenta un sinfín de procesos fisiológicos y psicológicos cada vez que se expone a esos rayos de luz que inciden en nuestra retina.

Además, la ciencia sospecha que incluso nuestra preferencia por un color u otro no es un acto puramente voluntario. Las personas responden emocional y evolutivamente al color. Cada tonalidad genera un sentimiento, una sensación, una activación fisiológica, incluso una serie de impulsos específicos, como en el caso del color amarillo.

Igualmente, tampoco podemos ignorar la impregnación cultural que le hemos dado a ciertos tonos. El color negro, por ejemplo, estuvo asociado durante mucho tiempo con el proceso de duelo. Era el tono de la ropa que usaban aquellos que habían perdido a un ser querido. Hoy en día, el negro se asocia con la elegancia.

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Por otro lado, también hay un hecho frecuente. Llevamos un tiempo aferrados a nuestros colores fetiche y, de repente, sentimos debilidad por ese delicado lavanda, por ese vibrante bermellón, por el ocre, el turquesa o el verde oliva. ¿Por qué varían nuestras preferencias? ¿Hay una explicación? Lo analizamos.

El color azul es, en promedio, el favorito de la población.

La gente suele darle un significado a los colores y por eso, tenemos algunos que nos gustan más.

¿Por qué tenemos un color favorito (y por qué es probable que sea el azul)?

¿Cuáles son tus tres colores favoritos? Es muy probable que en esa pequeña lista hayas incluido alguno en concreto. El color azul es, en promedio, el favorito de la población desde hace siglos.. Si esto es así, se debe, en parte, a que el ser humano ha evolucionado asociando este color a la supervivencia, la calma y la salud.

Vivir en entornos cercanos a ambientes acuáticos nos facilitó tener recursos para alimentarnos y sobrevivir. Eran también lugares de gran belleza (ríos, mares, lagos) dotados de luz que generaba bienestar en nuestros antepasados. Esa huella del pasado sigue presente en nosotros. Tanto es así que un estudio de la Universidad de Texas recogió un llamativo experimento realizado en Japón.

El hecho de instalar luz led azul en los andenes de metros y trenes evita suicidios. Aunque esta prueba piloto se realizó solo en una línea férrea, los datos fueron reveladores. Se redujeron en un 84%. De alguna manera, el color azul impacta en el cerebro, invita a la introspección y a la calma. Esto explica por qué nos atrae como lo hace.

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Sin embargo, y más allá del azul… ¿Por qué tenemos un color favorito? ¿Por qué siendo muy jóvenes ya mostramos una preferencia u otra?

Detrás de un color hay una historia (la teoría de la valencia ecológica)

La teoría de la valencia fue acuñada por la Dra. Karen Schloss en un estudio publicado en la revista PNAS. Aparentemente, en nuestro registro mental ningún color es neutro: todos le damos un significado específico. Es probable que una niña de 5 años tenga preferencia por el rosa debido a la carga cultural con la que se crió.

Nuestras historias personales y experiencias subjetivas nos condicionan a la hora de sentir preferencia por un color u otro. Aquí los medios de comunicación y la publicidad también tienen un gran peso. Pero a veces, basta con tener una experiencia de gran intensidad emocional para que nuestra mente sienta preferencia por un color.

Por ejemplo, si la persona de la que nos enamoramos vestía una camiseta verde el día que la conocimos, lo más probable es que ahora sea nuestro color favorito. Esto también explica por qué, con el tiempo, esta predilección por un color «salta» a otro.

El color amarillo, por motivos culturales, se asocia con la mala suerte. Sin embargo, nuestro cerebro experimenta hambre cuando se expone a este color.

Colores y personalidad humana.

Todos tenemos un color de favor favorito, y lo más probable es que no sea marrón. Este color despierta en nuestro cerebro una serie de sensaciones incómodas. Se asocia con suciedad, escombros y descomposición. Sin embargo, Más allá de estas respuestas instintivas y culturales, está el factor de la personalidad.

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El color rojo, por ejemplo, está entre los favoritos de las personas dinámicas, extrovertidas y apasionadas. Esta tonalidad es la más llamativa para el ojo humano; nunca pasa desapercibido. La personalidad más introvertida, paciente e introspectiva, en cambio, tiene predilección por el verde.

Quienes sean optimistas, buenos comunicadores y con gran sentido del humor, pueden tener el naranja entre sus preferencias. Nuestra personalidad es otra variable que podría explicar esta inclinación por unos tonos y no por otros.

Las niñas de 5 o 6 años suelen tener una fijación con el color rosa debido a factores sociales y culturales. Sin embargo, antes de llegar a la adolescencia, sus preferencias cambian.

Los colores están hechos de historias.

Nuestras experiencias de vida, cultura, personalidad e incluso nuestros instintos juegan un papel decisivo en nuestra fascinación por un color o colores en particular. Podríamos decir que Se combinan raíces culturales y biológicas y esto lo hace aún más interesante.

Si queremos profundizar en por qué tenemos un color favorito, hagámonos las siguientes preguntas: ¿cómo me hace sentir este tono? ¿Qué asocio a este color, qué recuerdos o qué imágenes me trae? Quizás, reflexionando sobre estas preguntas, encontremos la respuesta.

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