Los pequeños momentos con su hijo significarán más

Por Mary Widdicks

Entre el caos y el lío …

Entre los gritos y los llantos …

Entre las siestas y las comidas …

Hay pura felicidad perfecta.

Muevo a mi bebé lentamente, escuchando su respiración superficial, oliendo el champú de Johnson en su cabello.

Su mano regordeta agarra la mía sin saber que lo está haciendo, como si un antiguo instinto le estuviera diciendo que aguantara porque solo yo puedo mantenerla a salvo. Probablemente el mismo instinto que me dice que me quede un poco más en su habitación.

Debería estar lavando platos, doblando la ropa, poniéndome al día con la última serie de televisión.

Debería estar durmiendo, preparándome para un nuevo día.

Pero aquí, acurrucado con ella en nuestra mecedora, es cuando cobro vida.

La anhelo, su aroma, su toque.

Gran parte del día se trata de sobrevivir, de salir ileso. Todas las mañanas corro de la escuela a dejar al gimnasio para bebés, al supermercado y de regreso a la escuela. Hago varias tareas a la vez, entro en pánico e inevitablemente fallo al menos una vez al día.

Huelo a leche agria y no me he duchado en tres días. La ropa de mis hijos no siempre combina y no he visto el piso de mi auto durante años. La vida se mueve demasiado rápido para seguir el ritmo del caos.

Pero en su habitación, en la oscuridad, el tiempo se ralentiza. El mundo exterior pasa como de costumbre, pero me paso horas soñando mirando las comisuras de su boca levantarse ligeramente mientras sueña.

Me paso días escuchando el sonido de su respiración, contenta y segura en mis brazos.

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Sé que eventualmente pasaré años soñando con ella sobre su futuro y lo que depara.

Pero hoy, en este momento, mis sueños están con ella aquí en su diminuta habitación. Ella es todo lo que siempre he querido, la encarnación viviente de mi satisfacción. Soñé que ella existía. La concibí, la llevé primero dentro de mí y luego en mis brazos. Vive tan tranquila y sin esfuerzo en estos momentos entre los pañales y la dentición. Es aquí donde me siento más conectado con su espíritu.

Ella soy yo y, sin embargo, es mucho más, ya es un alma única y perfecta. Y me consuela y me mata el hecho de que, mucho después de que me haya ido, viviré en ella.

Pero por ahora vivo para estos momentos. Los momentos intermedios.

Este artículo se publicó originalmente en PopSugar. Reproducido con permiso del autor.

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