Los crímenes de la academia o cómo revivir a Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe cobra vida gracias a una nueva producción de Netflix que no deja indiferente. De repente, se muestra una faceta del célebre escritor y poeta que seguro siempre le atrajo: la de detective e investigador de enigmas enrevesados ​​y macabros.

Última actualización: 21 de enero de 2023

El ojo azul pálido (2003) es uno de los libros más exitosos del novelista Louis Bayard. La trama no puede ser más seductora: tras un brutal asesinato en los terrenos de la academia militar de West Point, se contratan los servicios de un veterano detective neoyorquino, Gus Landor. En estas investigaciones contará con la ayuda de una figura muy especial: Edgar Allan Poe.

Netflix no dudó en comprar los derechos de este bestseller y convertirlo en una de sus grandes apuestas de inicios de 2023. Los crímenes de la academia es una película de cautivadora atmósfera gótica que tiene en Poe su mayor atractivo. Por primera vez, vemos encarnada a la figura clásica de la literatura estadounidense en una época en la que aún era un destacado poeta en ciernes.

Escenarios brumosos, árboles estériles, bosques nevados, graznidos de cuervos, calles iluminadas por luces de gas parpadeantes, asesinatos rituales y mensajes enigmáticos. Esta producción, dirigida por Scott Cooper, lo tenía todo para conquistar el corazón de cualquier amante del misterio y del fanático escritor bostoniano. Sin embargo, más allá de las dos potentes interpretaciones de sus protagonistas, hay elementos que desentonan…

Edgar Allan Poe ingresó a West Point en julio de 1830. La academia militar daba al río Hudson y, durante un tiempo, se distinguió como un buen estudiante. Sin embargo, solo siete meses después, fue juzgado por un consejo de guerra por negligencia en sus funciones y desobediencia a las órdenes.

El ojo azul pálido es la novela en la que se basa The Academy Murders.

Poe, el poeta con alma de detective de West Point

El hecho de que Edgar Allan Poe dejara West Point en 1831 fue una bendición para la historia de la literatura.. Dicen sus biógrafos que era malo para las matemáticas y que no se ajustaba demasiado a la disciplina militar. Ese período suyo en la academia, junto al río Hudson, sigue siendo muy interesante. No es de extrañar que Louis Bayard lo haya utilizado para escribir su novela.

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Lo cierto es que no es la primera vez que se utiliza una representación de Poe en un papel de detective. También lo vimos en la interesante película The Riddle of the Raven (2012), en la que un magnífico John Cusack se metió en su tormentosa piel para investigar unos atroces asesinatos basados ​​en sus propios poemas.

Esta producción, como The Academy Murders, se basa en una posibilidad bastante sólida. El célebre poeta y escritor fue un gran amante de la criminología; de hecho, a él le debemos las raíces de la novela policiaca. Sherlock Holmes, por ejemplo, no existiría si Conan Doyle no hubiera quedado fascinado por su Auguste Lupin en Los crímenes de la calle Morgue o El misterio de Marie Rogêt.

«Los crímenes de la academia» y la búsqueda de sus orígenes

Edgar Allan Poe murió con apenas 40 años y con más sombras que luces en el camino de su vida. De él guardamos un legado literario excepcional y profundos enigmas en torno a su persona. La mera idea de vislumbrar algunos periodos concretos de su existencia despierta una gran fascinación y más si ahondamos en sus orígenes, en su juventud.

The Academy Murders (The Pale Blue Eye) abre con una visión del valle de Hudson, con sus bosques brumosos salpicados de nieve, atrapándonos en una atmósfera de sutil misterio. Masanobu Takayanagi, director de fotografía, ofrece a esta película uno de sus mayores atractivos, el de crear una ambientación que emana tristeza, embrujo y un maravilloso territorio gótico.

Pronto conocemos al detective Gus Landor, representado por un Christian Bale acostumbrado como siempre a traernos personajes difíciles, de esos que enmascaran oscuros secretos. Aquí no podía ser menos. Recibe el encargo de investigar un supuesto suicidio en esa institución (West Point) de la que guarda rencores y malos recuerdos. No tarda en reclutar a un ayudante único, un cadete que le da una pista sobre el asesino que debe buscar: un poeta.

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Tomar el corazón de un hombre es traficar con símbolos. ¿Y quién mejor equipado para tal trabajo que un poeta?

Poe y Landor, dos figuras traumáticas

Edgar Allan Poe (encarnado por un perfecto Harry Melling) y Landor son dos almas oscuras que se conectan al instante. Este último es viudo y vive con el trauma de la desaparición de su esposa. El primero habla con su madre que murió de él. De alguna manera, el detective es también el espejo de lo que en el futuro será el propio escritor y poeta bostoniano: un alcohólico que lleva consigo la pérdida de varias figuras femeninas.

Lo mejor de la película es el vínculo entre sus protagonistas, un vínculo casi padre-hijo, en el que ambos se retroalimentan. Ya sea por su innegable ingenio, por su complicidad o admiración mutua, los dos hombres construyen un refugio compartido en el que explorar el sufrimiento, la decepción, la tristeza e incluso la corrupción institucional.

El origen de sus espeluznantes universos literarios

Scott Cooper, director de The Academy Murders, es también su guionista. Uno de los propósitos de la película es hacernos intuir el origen de muchas de las obsesiones, historias y figuras literarias que Poe nos legó en sus relatos. Hay pinceladas que trazan reminiscencias de Los crímenes de la calle Morgue y de más de un personaje de sus cuentos.

Todos estos recursos nos mantienen alerta y nos hacen sonreír. La lástima es que, a pesar de la jugosa trama, los crímenes rituales y esos juegos esotéricos y enigmáticos, a lo Dan Brown, al final el espectador puede quedar decepcionado. La narración del misterio exige ojos atentos que puedan apreciar los detalles, pero la trama no tarda en volverse predecible e incluso superficial.

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Nuestra mirada, alentada por la fascinación de sus protagonistas, añora que se hayan adentrado en más aspectos, en rincones más estimulantes. Sin embargo, todo queda hueco, pero bien adornado con superficialidad.

Lo mejor de The Academy Murders es su elenco excepcional y la poderosa actuación de Harry Melling.

Un rostro lleno de ángulos y una mente que dejó huella en el mundo

El Poe de Harry Melling cautiva por ser todo pómulos, barbilla y ojos cavernosos llenos de brío y pasión.. No tardamos en darnos cuenta de que este cadete de West Point, con sus discursos, razonamientos y sensibilidad, es alguien que dejará su huella en el mundo.

Sin embargo, también intuimos que pertenece a ese tipo de persona que baila con la oscuridad y la desesperación. Y a veces los que bordean lo extraordinario acaban en tragedia. Sea como fuere, siempre agradeceremos que el cine intente rastrear cómo pudo haber sido la vida de Poe. Tal empresa no es fácil, ni suele ser fácil llevar su obra a la pantalla.

Este año tendremos una emocionante oportunidad de probar esto último. Mike Flanagan (The Haunting of Hill House, Midnight Mass) nos traerá una nueva adaptación: The Fall of the House of Usher.

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