La historia detrás del «Himno a la Alegría» de Beethoven

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Cuando Beethoven estrenó la Sinfonía n.º 9, el Himno a la alegría, era el 7 de mayo de 1824 y ya estaba profundamente sordo. Esta es la historia detrás del famoso himno.

Última actualización: 04 septiembre, 2022

Han pasado casi dos siglos y el Himno a la Alegría de Beethoven sigue siendo un símbolo de esperanza, paz y compañerismo. Se trata de una celebración musical magistral capaz de hacer que todo aquel que la escuche se sienta imbuido casi al instante de un torrente de emociones positivas. La vida siempre parece hermosa cuando suena esta pieza.

Para su creador fue más bien un himno a la rabia y la redención. En una época en que los sonidos ya no existían para él y se sentía devastado por la peor maldición para un músico, componer este himno fue una oda al esfuerzo y la supervivencia artística. Logró erigir una obra colosal. El día de su estreno, ni él mismo se percató de cómo el público vitoreaba, aplaudía y se emocionaba. No podía oír nada.

Fue uno de los músicos quien tuvo que avisarle de la reacción del público, momento en el que se detuvo para agradecer la reacción. Todavía estaba al final del segundo movimiento y tenía buena parte del trabajo por delante…

«Oda a la alegría» fue un poema escrito por Friedrich Schiller en 1785, cuyo título original es An die Freude («A la alegría» en alemán) y en el que Beethoven basó su obra.

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La Oda a la Alegría se convirtió en el himno del Consejo de Europa en 1972. En 1985, se convirtió en el himno oficial de la Comunidad Europea y su sucesora, la Unión Europea.

Así se concibió el himno a la alegría

Cuando aún era un adolescente, Ludwig van Beethoven cayó bajo el hechizo del idealismo trascendental y los cimientos de la Ilustración. De hecho, era habitual verlo en las conferencias que impartía Immanuel Kant en la Universidad de Bonn. Fue aquí también donde descubrió algo que inmediatamente resonó en él: la poesía de Friedrich Schiller.

Tenía poco más de 15 años cuando quedó cautivado por la «Oda a la alegría», un poema que representaba la esencia del movimiento que se vivía en Europa en aquellos años. Schiller quiso destacar los valores que deben mover el espíritu de la Ilustración, como la libertad, la justicia y la felicidad humana. El bienestar y la felicidad del ciudadano debe estar en el centro de la política, solo así será posible la paz y la armonía social.

Ese poema fue, según su autor, un beso para todos. Beethoven deseó, ya entonces, ser los labios que dieran voz a aquel poema, la música que trasmitiera universalmente esos nobles propósitos…

«¡Amigos! ¡No esos ruidos!
cantemos sonidos agradables
y lleno de alegría.
¡Felicidad!

Alegría, hermosa chispa divina,
Hija de Elíseo,
Embriagados de alegría entramos,
en tu santuario celestial.
Tu magia une los lazos
que la sociedad rígida se rompió;
Y todos los hombres serán hermanos.
Donde se posan tus suaves alas (…)”.

-Poema reescrito por Beethoven para su pieza musical El Himno de la Alegría-

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Cuando la oscuridad cayó sobre Europa y sobre Beethoven

El sueño de la Ilustración y su promesa de felicidad se quedó en poco más que un espejismo. Unas décadas más tarde, Francia cayó en el Reino del Terror y rodaron más de diez mil cabezas. Friedrich Schiller murió considerando su «Himno a la Alegría» un absoluto fracaso, una entelequia absurda y algo de lo que se avergonzaba dadas las circunstancias.

Esa fantasía idealista terminó chocando con la dura realidad. Ni siquiera el arte, la escritura y la poesía tuvieron el poder de transformar la mente de los hombres, siempre tan ávidos de violencia. Los tiempos revolucionarios en Europa fueron tan oscuros que hasta la música del joven Beethoven dejó de ser fresca y ligera para adquirir acordes más turbulentos.

Tenía poco más de 30 años cuando escribió lo que se conoce como testamento de Heiligenstadt, con que explicar su desesperación a sus hermanos. Se estaba quedando sordo temprano, algo tan impensable y desgarrador para un músico que incluso consideró quitarse la vida. Pero el no lo hizo.

Beethoven siempre consideró que tenía que aportar algo revolucionario y único al mundo de la música. A partir de ese momento, y ante la pérdida auditiva progresiva e irreparable, se volcó obsesiva y febrilmente a la composición. La Oda a la Alegría de Schiller volvió a resonar en su mente.

La Sinfonía n.° 9 es también la última sinfonía completa de Beethoven y es completamente diferente de las ocho que la precedieron.

El Himno a la Alegría o Coral de Beethoven consigue despertar nuestras emociones positivas y sentido de esperanza.

El himno a la alegría y el deseo de iluminar a la humanidad (y a sí mismo)

los Sinfonía No. 9 u Oda a la Alegría fue el último de su carrera musical. Cuando lo escribió, había perdido la audición y navegado por el aislamiento, la enfermedad, un corazón roto por múltiples amores perdidos, depresión e ideas suicidas. Su creación y obsesión por crear una pieza musical a partir del poema de Schiller se convirtió en su punto de apoyo. El que le permitiría emerger de la oscuridad.

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Beethoven anhelaba que su Oda a la Alegría iluminara a la humanidad y reviviera los valores de la esperanza, la libertad y la paz entre todos los pueblos. Su música tenía que latir lo suficiente para llegar a los cielos y al corazón de todas las personas. Asimismo, cabe señalar que su sinfonía también actuó como un faro interno para sí mismo.

Se dice que en una ocasión, absorto en dar vida musical al poema de Schiller 27 años después de caer bajo su hechizo, perdió la noción del tiempo. Empezó a caminar absorto, apenas vestido y sumido en sus pensamientos. Las autoridades terminaron metiéndolo en la cárcel por creer que era un vagabundo demente.

El propio alcalde lo recogió a modo de disculpa y lo llevó de regreso a su casa en un carruaje. Al llegar a casa, su mente bullía de ideas. Su inspiración fue tan voraz, eléctrica e incandescente, que logró terminar la obra. Y él hizo Desde su propia oscuridad logró iluminar al mundo con esperanza con su ahora inolvidable Himno a la Alegría.

Crédito editorial de la imagen principal: Ernando Febrian / Shutterstock.com

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