La ciencia ha descubierto el origen biológico del síndrome de hikikomori

Verificación de hechos Se ha verificado la precisión del artículo (el contenido incluye enlaces a sitios de medios de comunicación acreditados, instituciones de investigación académica y, en ocasiones, estudios médicos). Todo el contenido de nuestro sitio web ha sido revisado, sin embargo, si cree que nuestro contenido es inexacto, desactualizado o cuestionable, puede Contáctenos para hacer las correcciones necesarias. 5 minutos

El síndrome de Hikikomori, o la necesidad de encerrarse en la propia habitación durante más de 6 meses, evitando todo contacto social, tiene un factor biológico muy interesante. Lo analizamos.

Última actualización: 21 de junio de 2022

Fueron llamados los ermitaños de Japón. Hombres en el 80% de los casos que evitan todo tipo de contacto social, forma de ocio, amistad e incluso trabajo o estudio. Viven encerrados en sus habitaciones, aislados, jugando videojuegos o pasando tiempo en internet. Actualmente, la ciencia parece haber encontrado el origen biológico del síndrome de hikikomori.

Así se denominó a este fenómeno, que se hizo evidente a finales del siglo pasado, alrededor de 1998. Tal como se expresa en algunos medios, hikikomori simbolizaba la resistencia a la presión del mundo. Al estrés laboral y académico, al rigor familiar que se espera de sus hijos, que sean los mejores, que alcancen el éxito y sean buenos trabajadores.

Al no poder ajustarse a ese criterio, muchos jóvenes (y no tan jóvenes), hartos de la vergüenza o de la sensación de fracaso, optaron por una válvula de escape. Para un refugio físico y también mental. Encerrarse en sus habitaciones era —y sigue siendo— un mecanismo de defensa frente a una sociedad demasiado estricta que no les gusta, y en los que no pueden o no saben sobrevivir.

Leer también:  10 sueños recurrentes en personas que sufren ansiedad, según la ciencia

Esta es una realidad que no solo afecta al país del sol naciente. De esta forma, si hasta hace poco se desconocían sus disparadores, parece que ya estamos obteniendo datos cada vez más esclarecedores. Los analizamos.

Se estima que detrás del síndrome de hikikomori hay más de un trastorno psicológico subyacente, como fobia social, trastornos depresivos, personalidad pasivo-agresiva, etc.

El síndrome de Hikikomori tiene varios desencadenantes, tanto de personalidad, sociales y biológicos.

El origen biológico del síndrome de Hikikomori

Se estima que alrededor del 1,57% de la población japonesa sufre el síndrome de Hikikomori. Aunque podrían ser más. Corea del Sur y Hong Kong proporcionan datos similares. Asimismo, aunque no disponemos de cifras en occidente, se estima que este fenómeno se está extendiendo cada vez con mayor frecuencia entre la población más joven.

No fue hasta 2020 que el Dr. Takahiro A. Kato propuso criterios diagnósticos internacionales más claros en un estudio. Aquella en la que debe aparecer como factores claros el aislamiento social del hogar durante más de 6 meses, acompañado de malestar emocional y un claro deterioro funcional en las responsabilidades de la persona (no asistir a clase, al trabajo, etc.).

Así, y aunque el propio diagnóstico ya tiene una base más rigurosa, los orígenes de este trastorno aún no se han esclarecido del todo. Hay trabajos que insisten en la presencia de trastornos psiquiátricos. Sin embargo, una conclusión a la que se ha llegado recientemente, y que parece ofrecer una evidencia firme, es la relativa a las «firmas metabólicas».

Comprendamos ahora el origen biológico del síndrome de Hikikomori.

Leer también:  León Tolstoi y el elogio de la bondad

La clave podría estar en dos tipos de aminoácidos

En 2013, el Hospital Universitario Kyushu de Japón creó la primera clínica ambulatoria del mundo para la investigación del hikikomori. El propósito era entender un poco más esta impactante realidad. Gracias a esta iniciativa, finalmente se publicó una investigación en Dialogues in Clinical Neuroscience.

  • Se han descubierto biomarcadores asociados con el síndrome de hikikomori en la sangre. En concreto, son algunos niveles de ornitina y actividad de arginasa sérica, mucho mayor que en la población sin esta característica orientada al aislamiento social.
  • Estos son tipos de moléculas asociadas con diferentes funciones corporales. Como, por ejemplo, la regulación de la presión arterial y el ciclo de la urea. También suelen estar presentes en personas que padecen depresión mayor o trastorno afectivo estacional.
  • Por otra parte, también se ha visto una pequeña alteración en las acilcarnitinas, unos compuestos clave en el suministro de energía al cerebro.

Por ahora, el Dr. Takahiro A. Kato de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Kyushu y director de este trabajo insiste en algo muy específico. Estas investigaciones son solo el comienzo de la búsqueda para comprender qué orquesta el síndrome de Hikikomori. Se necesitan datos de más pacientes a nivel mundial y no solo de Japón.

Sabemos que este síndrome aparece en el 80% de los casos en hombres. Comprender las raíces biológicas, sociales y psicológicas de la afección nos permitirá abordar mejor este problema creciente.

Hay hombres que llevan años sin salir de su habitación, limitándose únicamente a jugar videojuegos o interactuar virtualmente con los demás.

Leer también:  ¿Por qué cuando crecemos dejamos de creer en la magia?

Otros orígenes y desencadenantes de hikikomori

Parece que el origen biológico del síndrome de hikikomori es más claro que el desencadenante psicológico. Porque, aunque hay pacientes que presentan depresión, esquizofrenia y trastorno de ansiedad social, es algo puntual y no lo suficientemente significativo como para establecer una relación causal.

Estamos ante un aislamiento social claramente patológico. La persona opta por recluirse en una habitación porque no se percibe adecuada en un contexto competitivo y exigente. Ese mecanismo de escape otorga protección, pero no bienestar real. Es decir, estos hombres (en su mayoría) no se sienten realizados ni satisfechos en esa opción vital que han elegido.

En su aislamiento escapan a través de videojuegos o mediante el uso de Internet, redes sociales, etc. Esto conduce, en muchos casos, a la adicción a Internet y al desarrollo de más fobias, como el miedo a los espacios abiertos (agorafobia). Hoy hay «hikikomoris» que llevan años encerrados en una habitación de la casa familiar.

Los mecanismos terapéuticos que se están desarrollando para ayudar a estas personas son cada vez más sofisticados. Una empresa japonesa ha diseñado un robot para fomentar el contacto social en estas personas. Asimismo, hay universidades que han creado programas en línea para fomentar el desarrollo de fortalezas para mejorar su autoestima.

Sea como fuere, parece que cada vez avanzamos más en la comprensión de un síndrome que ya no es exclusivo del país asiático.

Tú podrías estar interesado…

Gracias por leer ojodesabio.com. ¡Hasta pronto!

Deja un comentario