La ciencia de las relaciones: ¿cómo nos ayuda a entender nuestras relaciones?

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Establecer y cultivar relaciones es un arte. Seamos más o menos diestros en ello, la buena noticia es que contamos con un importante volumen de investigación que nos indica cómo practicarlo correctamente.

Elena Sanz

Escrito y verificado por el psicólogo. Elena Sanz.

Última actualización: 21 de diciembre de 2022

A veces tendemos a ver las relaciones humanas como algo etéreo y espiritual. Aspectos como la afinidad, el afecto, la lealtad o el romance parecen demasiado abstractos para ser medidos y explicados lógica y científicamente. Sin embargo, la verdad es que nuestros lazos están mediados por reacciones biológicas y patrones cognitivos, y esto es precisamente lo que la ciencia de las relaciones se encarga de estudiar.

La mayoría y los autores y estudios más relevantes se centran en las relaciones íntimas (especialmente en las relaciones familiares y de pareja). Sin embargo, esta disciplina, que se nutre de psicólogos, sociólogos, biólogos y otros profesionales, también engloba otra clase de relaciones menos estrechas, como las que se dan entre compañeros de profesión o conocidos.

La ciencia de las relaciones (como el estudio empírico de las relaciones humanas) comenzó a principios del siglo XX y ha generado valiosas contribuciones a la comprensión de cómo interactuamos con los demás. ¿Quieres conocerlos? ¡Te lo mostramos!

Las relaciones íntimas están moldeadas por la pasión sexual y la interdependencia frecuente, fuerte y diversa.

La ciencia de las relaciones y sus principales aportes

Este campo de estudio tiene múltiples ramificaciones, dando lugar a teorías muy sólidas con importantes aplicaciones. Un primer punto que nos da claridad sobre la definición de relaciones. ¿Qué son? ¿Cuáles son sus principales ingredientes? ¿Cómo son diferentes entre sí? Este enfoque distingue entre varios grados de conexión que se puede establecer:

  • Para que podamos decir que existe una relación entre dos personas en su nivel más básico. ambos deben ser interdependientes. Es decir, están interconectados y se influyen entre sí de alguna manera.
  • Cuando, además de esto, ambas personas verse como únicos e insustituibles, podemos hablar de relaciones personales. Estos pueden incluir conocidos, colegas o familiares.
  • Las relaciones cercanas se forman cuando la interdependencia es fuerte, frecuente y diversa, y además perdura en el tiempo. En esta categoría podríamos incluir lazos más significativos como la amistad o ciertas conexiones familiares.
  • por último, cuando además de lo anterior hay pasión sexual, hablamos de relaciones íntimas. Estos incluyen matrimonios, noviazgos y otros vínculos afectivos-sexuales.
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Ahora bien, más allá de estas distinciones (que, aunque parezcan obvias, son claves para entender en qué tipo de conexión nos encontramos), la ciencia de las relaciones nos aporta otra serie de datos interesantes. Hablamos de algunos a continuación.

Los enlaces se repiten

Una de las primeras áreas estudiadas por la ciencia de las relaciones fueron los lazos familiares y las experiencias entre padres e hijos. Contribuciones como las generadas por John Bowlby y Mary Ainsworth sobre la teoría del apego han sido cruciales para comprender las conexiones humanas.

Gracias a estos trabajos y posteriores investigaciones, ahora sabemos que esos lazos primarios moldean la personalidad, la autoestima y la confianza en los demás. Y, lo que es más importante, que aquellas tendencias adquiridas en la infancia tienden a permanecer estables e influir en las relaciones adultas de la persona. En otras palabras: construimos nuestras conexiones en base a esa primera relación que experimentamos con los padres.

Las relaciones son transaccionales.

Otro hallazgo interesante de esta disciplina es el que nos habla de la naturaleza transaccional de las relaciones. Es decir, que éstos constituyen un intercambio social y que las personas estamos continuamente evaluando la ganancia o pérdida que suponemos. Analizamos lo positivo y negativo que nos aporta cada relación, lo comparamos con nuestro ideal y con opciones alternativas.

Así, por ejemplo, la satisfacción en una pareja puede depender de cuán receptiva sea una persona a las emociones y necesidades de la otra, o de su capacidad para comunicarse y resolver conflictos. Así, si la valoración global arroja resultados negativos, es muy probable el abandono del vínculo.

somos seres biologicos

Dentro de la ciencia de las relaciones existe una rama que busca comprender cómo nuestro comportamiento se relaciona con nuestro pasado, que fue positivo para nuestra evolución y supervivencia. Así, entre otras cosas, Las teorías evolutivas explican los procesos de selección sexual y la formación de parejas.

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Desde este enfoque, de alguna manera, se nos recuerda que estamos condicionados por nuestra biología. Por ejemplo, se ha encontrado que, en muchas culturas diferentes, los hombres prefieren parejas femeninas más jóvenes y atractivas (símbolos de fertilidad) y las mujeres buscan parejas masculinas mayores con estabilidad financiera (algo que ayudaría a garantizar la seguridad de su descendencia). .

El contexto nos influye

Una última aportación relevante de esta disciplina es el estudio de cómo el contexto influye y afecta a los vínculos. Y es que no todo está en nuestras manos: las situaciones estresantes fuera de la relación pueden hacer que sea difícil o imposible mantener un vínculo de alta calidad.

El estrés económico o laboral, la enfermedad y otras situaciones adversas auguran en gran medida la insatisfacción en la pareja y las rupturas. Sobre todo si las exigencias del entorno superan los recursos y capacidades de los miembros de la pareja.

Además, el contexto cultural en el que se encuentra inmersa la pareja (con sus normas, costumbres y tradiciones), así como la familia y el entorno inmediato, también ejercen una innegable influencia en la trayectoria de la relación. Y es que puede contribuir tanto al fracaso como al florecimiento de ese vínculo.

Situaciones estresantes y complicadas fuera de la relación pueden influir negativamente en ella.

Aplicaciones prácticas de la ciencia de las relaciones.

Los anteriores son solo algunos de los conocimientos sobre las conexiones humanas que se derivan de la ciencia de las relaciones. Y es que, en definitiva, este enfoque explora desde la construcción, mantenimiento y disolución de los lazos, y las razones biológicas, psicológicas y culturales que subyacen a estos procesos.

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Pero, además de permitirnos tener una comprensión mucho mayor de por qué conectamos y cómo funcionan nuestras relaciones, esta disciplina también tiene aplicaciones prácticas. Principalmente, sus hallazgos pueden ayudar a las personas a saber qué actitudes y comportamientos deberían cambiar y en cuáles deberían invertir si quieren disfrutar de conexiones humanas de calidad.

Dado que nuestras relaciones tienen una profunda influencia en nuestra salud, bienestar psicológico y calidad de vida, cuidarlas es una prioridad. Y, en este sentido, la ciencia de las relaciones puede tener muchas de las respuestas y pautas que buscamos.

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