La cara oculta de la maternidad retratada en la película Five Wolves

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El cine nos trae historias que frecuentemente nos invitan a reflexionar sobre capas de la sociedad que no suelen ser muy visibles. Este es el caso de la película Cinco lobitos.

Última actualización: 03 de diciembre de 2022

«¡Felicidades! ¡Felicidades! ¡Qué bendición!». Son expresiones habituales en torno a una mujer que anuncia que está embarazada, sobre todo si es la primera vez. Caras alegres, sonrisas, regalos y, en general, un halo de alegría y felicidad suele ser lo primero que se nos viene a la cabeza cuando se habla de maternidad.

De hecho, tener un hijo o una hija es una gran alegría para muchos. «Nunca habrás sentido un amor igual» suelen decir. «Te cambia la vida». Y, efectivamente, lo hace, te cambia la vida de forma transversal. Tener un hijo puede ser fuente de muchos momentos de alegría, pero también es un proceso complejo rodeado de algunas experiencias no tan agradables.para las mujeres que aún son invisibles.

Todos parecemos ser conscientes de que el embarazo es un momento en el que se producen muchos cambios a diferentes niveles. Por eso, como sociedad, protegemos a las mujeres embarazadas y somos empáticos con ellas. Pero, una vez dado el parto, estos cambios siguen existiendo y es en este momento cuando la mujer se enfrenta a una circunstancia nueva y ajena, que no siempre es tan hermosa como pudiera parecer.

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Sobre esta cara oculta de la maternidad, la cara no tan amable que viven las mujeres, muchas veces en soledad, gira el argumento de la película Cinco lobitos, de la directora y guionista Alauda Ruíz de Azúa. En él, Amaia (interpretada por Laia Costa) se enfrenta a una maternidad flamante, muy alejada de ese estereotipo de maternidad edulcorada que reside en nuestro imaginario colectivo.

La maternidad como protagonista de Cinco Lobitos

La trama de Cinco Lobitos comienza cuando Amaia y Javi (Mikel Bustamante) tienen a su primera hija. Completan el reparto Begoña (Susi Sánchez) y Koldo (Ramón Barea), los padres de Amaia, que acompañan a la pareja durante los primeros días de su llegada a casa tras salir del hospital.

Al poco tiempo de empezar como padre, Javi debe viajar unas semanas al extranjero. Amaia, agobiada por criarse en soledad, decide mudarse temporalmente a casa de sus padres. Sin embargo, la película tiene un protagonista claro y este no es Amaia, ni Javi, ni Begoña ni Koldo, ni todos ellos de forma coral, la protagonista indiscutible de la película es la maternidad y su rostro invisible.

Desde los primeros minutos de la película, la maternidad toma la carga emocional y comienza a retratarse. A través del personaje de Amaia vemos una maternidad joven y primeriza. Con una pareja ausente por trabajo y una situación laboral inestable por la dificultad de conciliación, la sobrecarga emocional y física empieza a hacer efecto en ella.

Amaia se siente agobiada, agotada, irritable, sola y con miedo. Su punto de inflexión llega cuando, tras apartar la mirada de ella durante unos segundos, su hija cae del sofá al suelo. Evento tras el cual decidirá mudarse a su ciudad natal y recurrir a su madre como principal apoyo. A través de Amaia descubrimos que criar a un hijo también significa culpa, tristeza, momentos de debilidad, soledad, exigencia e incomprensión.

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Otro de los rostros de esta protagonista incorpórea se revela a través de Begoña, la madre de Amaia. Begoña nos presenta una maternidad de otra generación. Uno en el que las mujeres, madres o no, llevaban una gran carga sobre sus espaldas y carecían de recursos y apoyo.

Begoña se enfrentaba a una maternidad en solitario, cargando con el yugo del machismo de su tiempo, con un marido presente, pero no implicado y en una sociedad vasca cerrada en la que no podía desahogarse. Con su personaje descubrimos que la culpa o los arrepentimientos siguen presentes, aunque tus hijos ya sean adultos.

La película nos muestra que la maternidad es una carrera de fondo donde no hay meta. La carga emocional continúa a través del tiempo.

A través de los dos personajes femeninos de la película y sus relaciones, se deja claro que existen sentimientos negativos que son prácticamente inherentes a la maternidad y que este no es, en absoluto, ese camino de rosas que se nos ha pintado.

Hay una larga lista de cargas ocultas adicionales que agregan peso a la maternidad y que pueden ser difíciles de manejar.

Otros tabúes ocultos y cómo afrontarlos

Desde el día que una mujer decide ser madre, son muchos los juicios y tabúes a los que debe enfrentarse. Estos comienzan incluso antes de la concepción.

A los obstáculos de la maternidad se suman las presiones externas. Recibir constantemente opiniones no solicitadas sobre la educación que le darás a tu bebé. Juicios sobre todo lo relacionado con la lactancia materna, ya sea que ella decida hacerlo o no. El acoso a familiares que, aunque cargados de buenas intenciones, entorpecen más que ayudan. La imposición de cargos adicionales por ser mujer. Críticas a tus decisiones como madre.

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Afortunadamente, Existen mecanismos que pueden ayudar a llevar tu nueva vida de una forma más amena y placentera. Para empezar, el hecho de que ahora se haga visible su cara oculta es un gran paso a nivel social. Compartiendo sus experiencias y desmitificando la maternidad, las mujeres encuentran consuelo y apoyo, liberándose así de la incomprensión que cargan.

Otro factor que se puede trabajar es la delegación de responsabilidades. Delegar aliviará la carga física y emocional de ser madre. Aunque es complicado, también es necesario imponer límites sobre quién cree que está juzgando su crianza o quién es más intrusivo de lo que está dispuesto a tolerar. Aceptar que, como cualquier ser humano, cometes y cometerás errores puede ayudarte a aligerar la culpa.

Eres madre y responsable del cuidado de tu bebé, pero recuerda que también eres una persona independiente con sus propias necesidades que deben ser atendidas.

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Gracias por leer ojodesabio.com. ¡Hasta pronto!

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