House of Gucci: celos, ostentación y clichés

 

House of Gucci nos trae una historia marcada por las pasiones, el éxito y la tragedia. Con tintes de telenovela, y casi como un placer culposo, Ridley Scott nos regala una de las historias más oscuras del mundo de la moda.

 

Última actualización: 12 marzo, 2022

A veces, la realidad puede ser mucho más extraña y grotesca que la propia ficción.. Por eso, no es de extrañar que los cineastas, a lo largo de la historia, hayan decidido adoptar un sinfín de títulos “basados ​​en hechos reales”. Uno de los últimos ejemplos de esto se puede encontrar en el último largometraje de Ridley Scott: House of Gucci.

No hace falta ser seguidor de las pasarelas para reconocer a la firma italiana, aunque quizás la historia familiar que hay detrás del nombre pueda sorprender a más de uno, sobre todo al público más joven.

Gucci no es un nombre que pase desapercibido, es un nombre que asociamos al lujo y la alta costura, pero es probable que también recuerde las infinitas falsificaciones que reposan sobre una sociedad basada en las apariencias.

Y es precisamente en las apariencias donde vamos a poner el foco. Porque House of Gucci no es un bolso de alta costura, sino la falsificación perfecta. Ese espécimen idéntico al original que observamos con una mezcla de placer y recelo; no tiene la pureza del original, pero apenas podemos distinguirlo.

Scott nos presenta una historia trágica convertida en comedia, revela los entresijos de una de las familias más importantes de la Italia de la época, pero su mirada, lejos de ser un reflejo, se torna distorsionada y ridícula. ¿Eran Gucci realmente así?

Entre la realidad y las costumbres

Lo complicado de «basado en hechos reales» es que, a pesar de lo que pueda parecer, puede diferir mucho de la realidad. Un cineasta puede inspirarse total o parcialmente en un hecho real y adaptar la obra a su antojo, con más o menos modificaciones, con más o menos licencias.

En el caso de la Casa Gucci, nos encontramos con un Ridley Scott que se esfuerza mucho en la puesta en escena, pero se pierde con los personajes. Con un Scott que, lejos del realismo, se abraza al costumbrismo. El costumbrismo, a pesar de las similitudes que pueda tener con el realismo, se centra en las costumbres y el folclore de un momento concreto sin prestar demasiada atención a los detalles. Sería más o menos como una fotografía, un espejo que dibuja la realidad, pero sólo permanece en la imagen, sin traspasarla.

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Por su parte, el realismo se encargará de analizar el trasfondo de esa imagen, de comprender las motivaciones detrás de los actos y movimientos de sus personajes. Volviendo al símil que hicimos al principio, el costumbrismo sería ese bolso de Gucci que, en un principio, nos gusta y parece original, pero cuando nos fijamos en los detalles y las costuras, nos damos cuenta de que es una falsificación.

House of Gucci nos dibuja una era reconocible a través de escenarios y vestuario, sabemos la hora y el lugar. Incluso el estatus de los personajes, porque no vemos a la misma Patrizia cuando trabaja con su padre que cuando se convierte en la esposa del heredero del imperio de la moda.

¿House of Gucci cae intencionadamente en el costumbrismo? Puede que el cineasta haya decidido no profundizar demasiado en la trágica historia. y ha intentado encontrar una forma más cómica, incluso grotesca, de narrar los hechos.

Esta intencionalidad desvergonzada la vemos en algunas escenas que provocan la risa del espectador, como los encuentros sexuales de la pareja protagonista o la infinidad de estereotipos italianos que encontramos a lo largo de la película.

las pasiones

El tema central de la película, sin duda, recae en las pasiones y, más concretamente, sobre el personaje de Patrizia Reggiani. Lady Gaga vuelve a demostrar que lo suyo no es solo la música y que su talento va más allá de los micrófonos y el escenario. La interpretación que Reggiani hace de ella es uno de los aspectos más destacados de la película y, probablemente, si no fuera por ella, la película se volvería completamente aburrida.

La primera parte de la película. Scott nos presenta los orígenes de Patrizia y su primer encuentro con el hombre que se convertiría en su futuro esposo: Maurizio Gucci. Scott es el encargado de mostrarnos el contraste entre ambas familias, costumbres y culturas, destacando incluso la ignorancia de Patrizia al confundir a Klimt con Picasso.

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Una historia de cuento de hadas con tintes de telenovelas a la antigua: un chico de una familia poderosa conoce a una chica de clase media; se enamoran, su familia se opone, pero el amor lo vence todo.

Sin embargo, esta princesa se nos presenta desde el principio como una mujer de armas para tomar -nunca mejor dicho-, como una mujer que hará lo que sea por conseguir al hombre que ama, aunque eso signifique para él renunciar a la suculenta herencia familiar.

Aunque cabe señalar que también nos invita a empatizar con ella y verla como un personaje más cercano, al fin y al cabo es la única que no proviene de la élite y, por tanto, está más cerca del espectador.

Es especialmente interesante el desarrollo de su relación con Pina, una adivina con la que entabla una especial amistad. De alguna manera, Scott nos muestra a Patrizia como una mujer puramente apasionada, aunque también controladora y con grandes aspiraciones.

Gracias al personaje de Pina, interpretado por Salma Hayek, podemos descubrir los verdaderos pensamientos y sentimientos del personaje; conocemos a la verdadera Patrizia y el trágico desenlace que ambos planean para Maurizio.

Sin embargo, en House of Gucci no hay buenos ni malos. Sería muy fácil señalar a un único culpable y no cabe duda de que fue Patrizia quien planeó la muerte de su entonces exmarido, pero es cierto que el clan familiar se presenta de una forma bastante caricaturesca, casi patética. en personajes como Paolo Gucci, interpretado por un irreconocible Jared Leto. Una familia marcada por la ambición que terminará desmoronándose por los caprichos de los más jóvenes del clan.

La corrupción es rampante en el imperio de la moda, ninguno de los protagonistas está a salvo y todos parecen dejarse llevar por las tentaciones y los excesos que el lujo y el poder ponen ante sus ojos.

Celos y temas en House of Gucci

Los celos enmarcarán esta historia que, entre lo trágico y lo cómico, acabará tramando la peor de las tragedias. Es interesante porque Scott no parece tomarse su película o sus personajes demasiado en serio; se deja llevar, como ellos, por los excesos y la ostentación. Y sin embargo, aunque a veces nos parezca increíble, House of Gucci consigue mantenernos enganchados porque todos acabamos sucumbiendo a ese placer culposo.

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Placer culposo porque no hay duda de que estamos viendo una caricatura. A pesar de los excesos y el costo de la película, nos encontramos ante una historia que podríamos haber encontrado en la más sobreactuada de las telenovelas.

Aunque nada más lejos de la realidad, House of Gucci tiene sus raíces en una trágica historia que pertenece a un pasado no muy lejano. Una historia que, motivada por los celos, la ambición y la pasión, terminó por destruir un imperio y quitarse una vida; inocente o no, pero una vida humana después de todo.

Scott no propone un mar de lágrimas, no dibuja la muerte de Gucci de forma triste como han hecho con otros diseñadores como Gianni Versace. Aquí, todos son culpables, todos y cada uno de los miembros de esta familia parecen haber contribuido, directa o indirectamente, a este trágico final que, sin embargo, no pesa demasiado sobre nosotros como espectadores.

Quizás los temas no nos ayuden a creer en la historia, pero ciertamente la hacen divertida. Si ves la película en inglés, es más que probable que ese falso acento italiano te apague. Quizás rodar la película en inglés hubiera tenido más éxito, ya que todos podemos imaginar que los Gucci hablaban italiano, pero no inglés con un fuerte acento.

Es probable que Scott quisiera hacer una película entretenida, pero el “basado en hechos reales” produce una serie de expectativas en el espectador y, quizás, ese sea el problema.

No, los italianos no bebemos espresso todo el tiempo. Es más, podríamos decir que el espresso es un arte, un ritual. De hecho, es poco probable que un italiano se tome un espresso con tanta tranquilidad porque, como su nombre indica, se toma rápido, como un chupito, un simple “chupito” de cafeína.

Aún así, a pesar de su torpeza a veces, House of Gucci acaba convirtiéndose en ese bolso de imitación que llevamos con alegría. Porque quizás no podamos permitirnos el original, pero podemos disfrutar y entretenernos con su copia.

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Gracias por leer ojodesabio.com. ¡Hasta pronto!

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