Dune: un viaje hacia la transformación psíquica

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Aunque durante mucho tiempo se dio por hecho que el libro de Dune era uno de los más difíciles de adaptar, el trabajo realizado por Denis Villeneuve ahonda en el auténtico universo psicológico que subyace en esta obra de Frank Herbert.

 

Última actualización: 06 enero, 2022

La última adaptación cinematográfica de Dune a manos del canadiense Denis Villeneuve es aceptable y hasta prometedora. Es posible que muy poca gente sepa que el autor de esta novela, Frank Herbert, se documentó en profundidad desde una corriente psicológica muy concreta para narrar ese peculiar y complejo universo épico-futurista envuelto en la finísima arena del desierto.

Algunos llevan décadas señalando que es más fácil doblar el espacio y el tiempo que hacer una buena adaptación de Dune. Y, de hecho, lo es. David Lynch ya lo intentó en 1984 bajo la producción de Dino de Laurentis. El resultado fue curioso e incoherente, dejando un Sting humeante y un Baron Harkonnen pustular gravitando por las habitaciones.

Se necesitaba una perspectiva más serena e introspectiva. Para ello, era fundamental que quien volviera a tomar el testigo de su rodaje, primero conociera la trayectoria del autor de esta saga y cómo la construyó. Frank Herbert era un apasionado de la psicología, especialmente de Carl Jung, y buena parte de Dune parte de múltiples de sus postulados.

«Los sueños son buenas historias, pero todo lo importante sucede cuando estamos despiertos».

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-Duncan Idaho, Duna (2021)-

Dune: el durmiente que debe despertar

Lo cierto es que Dune siempre ha llamado la atención de la comunidad científica y psicóloga. Un ejemplo de ello es el artículo que se publicó en 2014 en la revista The Lancet. Destaca una imagen muy concreta que resume esta primera parte de la saga de Frank Herbert. Estamos ante un durmiente (Paul Atreides) que debe despertar.

Dentro de la psicología que plantea Carl Jung, el mundo de los sueños adquiere una relevancia innegable. Recordemos una de las frases del célebre psiquiatra suizo: “quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta”. El joven protagonista de Dune se ve obligado a atravesar sus sueños y visiones para comprender su papel en el mundo..

Frank Herbert estudió durante bastante tiempo la obra de Carl Jung y su concepto de inconsciente colectivo.. Más tarde, en 1949, conoció a los psicólogos y profesores Ralph e Irene Slattery, que habían sido alumnos de Jung en el Instituto Politécnico Federal de Zúrich. Lo que aprendió durante esos años le sirvió de base e inspiración para escribir su saga épica.

Frank Herbert, autor de Dune, pensó que era necesario dotar a sus libros de una perspectiva psicológica para ofrecer verdaderas metáforas sobre el ser humano y su futuro en la Tierra.

Dune, una combinación de ciencia dura y ciencia blanda

Dentro de la enciclopedia de ciencia ficción se estipula que un libro o una película hace uso de las ciencias duras cuando integra figuras tecnológicas, principios científicos, vuelos especiales, robots y lo combina con teorías de la física. Por su parte, las ciencias blandas aplican la psicología, la antropología, la filosofía, la ecología, la lingüística, la sociología…

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Dune es una simbiosis entre las ciencias duras y las blandas, pero estas últimas destacan en mayor medida. Nos situamos en un contexto futuro-pasado, en el que lo medieval se entremezcla con lo tecnológico, destacando en particular aquellas pequeñas naves/ornitópteros, simbolizando a las libélulas.

Prevalece lo ecológico, como esos escenarios desérticos dominados por gusanos gigantes y también lo psicológico. En particular, habilidades extrasensoriales, como las que demuestra Paul Atreides y que ha heredado de su madre. En Dune se enfatiza que lo más importante para el ser humano es desarrollar sus capacidades psicológicas. antes que los tecnológicos.

La importancia del subconsciente y el despertar

Frank Herbert hizo suyo el consejo que le dio Irene Slattery, alumna de Carl Jung. La mejor escritura debe tocar el inconsciente y hacer contacto con los arquetipos del ser humano: el héroe, la gran madre, el gran padre, el rebelde, el sabio, la sombra, el alma… Si lo analizamos bien, todas estas imágenes forman parte de la narrativa que creó para su famosa saga.

Por otro lado, algo que le explicaron sus colegas psicólogos es que el inconsciente debe tener voz. Por lo tanto, vemos cómo Paul Atreides no solo escucha voces en sus sueños, sino que en ese proceso de “despertar” logra hablar con “la Voz”tal como le enseña su madre, para dominar la voluntad de los demás.

Herbert tomó prestadas estas teorías de Jung sobre el inconsciente colectivo. Todo lo que somos, incluida esa “Voz” interna, se transmite a través de una memoria genética, como la que Jessica Atreides custodia por su Hermandad secreta y que le lega a su propio hijo.

Dune es una sutil alquimia de diferentes influencias. Por un lado, tenemos la corriente psicológica de Carl Jung. También temas ambientales como los esfuerzos para controlar las enormes dunas de arena en Florence, Oregon. Un hecho del que fue testigo Frank Herbert y que le serviría de inspiración.

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Un héroe en conflicto con su destino

Recordemos, Dune es solo la primera parte de dos trilogías. Entre 1965 y 1985, su autor escribiría seis libros sobre este universo. No sabemos si la industria cinematográfica seguirá esa estela habitual en la que, al más puro estilo Star Wars, intentan estirar al máximo el «chicle» de cualquier saga con precuelas y secuelas.

Sin embargo, destacamos que Dune es un producto literario complejo a la hora de llevarlo a la pantalla grande. bueno es cierto que Denis Villeneuve ya tiene un buen currículum, con trabajos como La llegada y Blade Runner 2049. Y también es cierto que las atmósferas que consigue crear en sus películas son tan bellas como poéticas e introspectivas.

Sin embargo, tendrá que adentrarse en la personalidad de un líder mesiánico, envuelto en una inminente guerra santa que está en pugna con su propio destino. De momento, en esta primera película, es correcto encontrar a un Paul triste, que avanza en algunas escenas como un vagabundo cabizbajo envuelto en un mar de niebla.

En las próximas producciones (si las hay), habrá que rastrear correctamente los simbolismos que hábilmente construyó Herbert. Se verán obligados a combinar elementos del misticismo oriental, el colonialismo, los problemas ecológicos, el choque de culturas y la complejidad psicológica de un héroe inmerso en sus propios conflictos.

El desafío es tan inmenso como esos grandes gusanos que surcan el desierto en el desolado planeta de Arrakis.

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