Curiosidades de la escritura

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La imprenta supuso una auténtica revolución para el mundo de la escritura. Sin embargo, su creador, Johannes Gutenberg, murió pobre y endeudado. Nadie vio mucho uso para su ingenio. Así, en este artículo repasaremos algunas curiosidades relacionadas con el mundo de la escritura.

Última actualización: 01 noviembre, 2022

El mundo de la escritura es enigmático y fantástico. Gracias a él, podemos interactuar con personajes que existieron hace miles de años, en lugares muy distantes de donde nos encontramos. Lo que está escrito perduray por eso los mensajes que se consideran trascendentales acaban siendo grabados en una piedra, un papel o en cualquier superficie.

El hogar natural de la escritura son los libros. Y las casas de los libros son bibliotecas. La humanidad tuvo una joya, una cuna de conocimiento: la Biblioteca de Alejandría. Se dice que alguna vez albergó unos 900.000 volúmenes. Su destrucción, en el año 391 de nuestra era, dejó un vacío monumental en la cultura. Nunca sabremos qué decían aquellos primeros papiros de la historia.

Y hablando de pérdidas, Durante la Edad Media, la escritura se registró en papiro o pergamino.. Estos materiales eran muy caros, por lo que en ocasiones los copistas borraban el contenido anterior para reutilizarlos. Eran los famosos palimpsestos. Gracias a los rayos ultravioleta se han recuperado algunos de estos textos. Entre ellos, parte de la Ilíada y la geometría de Euclides. Veamos otras curiosidades de la escritura.

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«La escritura es la pintura de la voz».

-Voltaire-

La escritura apareció alrededor del año 3000 a. C. en Mesopotamia.

El curioso origen del alfabeto

Uno de los aspectos más curiosos del mundo de la escritura tiene que ver con el origen del alfabeto, que está íntimamente relacionado con el origen del monoteísmo. Sucedió en Egipto, cuando el faraón Amonhotep IV, hijo de Amonhotep III, ascendió al trono. Este presidente produjo una auténtica revolución en su cultura: declaró que en Egipto había un solo dios, el Sol, llamado «Atón».

Muchos de los ideogramas, o signos gráficos de escritura, incluían imágenes que representaban a los dioses. El faraón mandó borrar todas esas figuras y solo permitió que se conservaran 22 de ellas, que corresponden a las consonantes que tenemos hasta el día de hoy. El gobernante también comenzó a llamarse a sí mismo «Akhenaton». Su nombre original era el mismo que el de su padre e incluía la palabra «Amón», otra antigua deidad egipcia que también estaba proscrita.

Según Gerard Pommier, un famoso psicoanalista francés, La historia de Akhenaton es muy similar a la de Edipo, un personaje del drama griego «Edipo Rey».. Según él, Akhenaton desafió a su padre cuando se negó a casarse con su hermana y decidió casarse con su prima, Nefertiti. Sin embargo, como ella no le dio hijos, más tarde se casó con su propia madre para tener un heredero. El hijo se llamaba Tutankamón (otra vez «Amón») y repudió a su padre.

Después de casarse con su madre, tuvo un arrebato monoteísta: en opinión de Pommier, tenía sobre todo el objetivo de borrar el nombre de su padre (Amonhotep) de la faz de la tierra, para ocultar su propia transgresión.

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¿Y los signos de puntuación?

Uno de los elementos clave en la escritura son los signos de puntuación. Los conocemos, pero no siempre estuvieron ahí. En el pasado, todo se escribía sin espacios entre palabras y sin signos de puntuación.. Tampoco había mayúsculas y minúsculas, «algo como este texto». Por supuesto, ese estilo dio lugar a más de una confusión, requiriendo también un mayor esfuerzo por parte de los lectores.

Unos tres siglos antes de nuestra era, el bibliotecario de la famosa Biblioteca de Alejandría fue Aristófanes, autor de varias comedias griegas. Su intención era hacer que los textos impresos fueran un poco más expresivos. Así, propuso poner un punto arriba, en medio o debajo de cada línea para distinguir el tono en que se debe leer: alto, medio o bajo.

Sin embargo, sus contemporáneos no encontraron gracia en esta propuesta. Después de todo, en aquellos días era inconcebible que alguien pudiera entender un texto con una sola lectura. Isidoro de Sevilla tardó casi 10 siglos en retomar la idea de Aristófanes y darle forma.. Esta vez se consideró un aporte válido y dio pie al desarrollo de los signos de puntuación.

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